All Summer Long
And the summer became the fall
I was not ready for the winter
It makes no difference at all
‘Cause I wear boots all summer long
(“Nightbird”, S. Nicks)
La foto de las botas de Stevie fue tomada el 25/10/09 en el O2 de Dublín por Chen,
que aguanta como un valiente todas nuestras insensateces. Y hace fotos mientras.
Si no fuese por los Swarovski, creería que son los pies de otras.
Avinash
Te encontré desafiando todas las leyes, sin ser la de la gravedad la que más me preocupaba.
Desde lejos me miraste amenazante o intrigado, no supe nunca interpretarte. No quise interpretarte.
Nunca vi a nadie tan serio.
¿Qué esconde alguien que, siendo tan joven, es tan, tan serio?
Mientras te veía actuar (porque tú actúas) me preguntaba qué te había ocurrido, qué horribles cosas habían dejado en ti esas marcas, qué drogas tomabas.
Pero no, no vi resto de nada en lo más profundo de tus pupilas. No vi nada, cuando me acerqué a comprobarlo. No pude ni reflejarme, para mi desgracia.
Me diste la mano para invitarme a subir a tu templo de colores y mirar desde arriba el polvoriento rebaño que siempre te rodea. Para dejarme aspirar el olor amargo que intercambiáis tus saris y tú. Tu amigo y tú. El rebaño, tu amigo, los saris y tú.
Me hubiese quedado allí toda la vida, sentado en un rincón, sin moverme ni comer ni beber ni nada, observándote sacar, extender, doblar y guardar, como si nada ocurriese más. Nunca. Sin dejar de mirar hacia ningún sitio de aquella plaza polvorienta.
Los saris de Avinash son de todos los colores, menos negros.
Foto: Laurent Goldstein, tan bonita como todas las suyas.
Rickie Lee Jones: dulce infierno en Madrid
Cuando hace unos meses titulé una entrada “Rickie Lee Jones en las hogueras del infierno”, no tenía ni idea de que iba a pasarme un buen rato con ella allí.
No sé quién tuvo la brillante idea de celebrar el concierto de RLJ en Madrid en la Sala Caracol. Quizás este sea un buen sitio para ir a dar saltos, como el otro día con mis amados Temper Trap en Moby Dick, o para una fiesta de la espuma o liarse la toallita y ligar como en una sauna, pero desde luego no es el sitio para escuchar a un dinosaurio como la Jones.
¿No podían haber puesto unas putas sillitas?
¿Nadie sabía donde se conectaba el puto aire acondicionado? Leer el resto de esta entrada »
Domenica pomeriggio
Me dice que no consigue mantener el equilibrio, que se va golpeando con los muebles del pasillo. Yo le miro, embelesado, porque nunca le he visto andar haciendo eses, ni cuando está borracho.
¿Qué has comido?
¿Cuántos paquetes te has fumado hoy?
¿Cuántos güisquis echan carreras por tus venas?
Las preguntas que no hago.
Me dice que no consigue resolver su proyecto, que no le cabe nada, que se está volviendo loco. Yo le miro irónicamente intentando averiguar si se requiere mi presencia o es simplemente un lloriqueo.
¿No tienes nada similar que fusilar?
¿No es tan solo una idea para un concurso que no saldrá?
¿Has sacado un lápiz y tirado unas líneas?
Las preguntas que se aturullan en mi garganta.
Me dice que no cree que pueda venir esta noche, que no se encuentra demasiado bien. Yo le miro indiferente, intentando no aparentar que ya no me importa, que me estoy acostumbrando.
¿Podemos llegar a estar aún más lejos?
¿Desharemos algún día todos los nudos?
¿Te echaré de menos el día que uno de los dos se vaya?
Las preguntas que no duran.
easyJet U27986 09Nov LISBOA / MADRID
Si la memoria magnifica y agranda los recuerdos, o los pulveriza sin más,
¿qué hará mi memoria contigo, si mi memoria de ti no alcanza ni las 12 horas?
¿Te convertirás en uno más de los fantasmas que me abruman? ¿O pasarás a engrosar la lista de los que no recuerdo?
¿Qué no dije, qué no hice, qué gesto no improvisé? ¿Por qué no te sonreí?
¿Por qué me quedé paralizado en el último momento? ¿Por qué te paralizaste tú? ¿Por qué me paralizaste a mí?
Yo te vi, pero fuiste tú el que me miraste.
Yo te seguí, pero fuiste tú el que me perseguiste.
Yo empecé, quizás, pero fuiste tú el que no acabaste.
El vuelo U27986 se va a quedar archivado en mi memoria junto a todos esos otros vuelos que no me hacen sonreír. No sé por qué tengo más vuelos sin sonrisa, cuando yo las regalo.
¿Por qué no me sonreíste?
¿Por qué nunca, nunca, me ha mirado nadie como tú lo hiciste? ¿Por qué malinterpreté tu mirada? ¿Malinterpreté tu mirada?
Llevo 12 horas intentando despegarte de la herida, relevándome cada media hora en la tarea imposible, mirando la cartão de embarque como si, de un momento a otro, fueses a aparecer.
¿Cuántas horas llevas tú?
Lisboa languidece como lo hará esta historia en unas horas o unos días. O nunca.
Remembrujo
Anoche te soñé regresando, toda una vida después.
Lánguido, azul, delgado hasta lo transparente.
En ti nada había cambiado. Era yo el extraño al que sonreías, de lado como casi siempre.
En medio de mi sueño calculé mentalmente tu edad, mi edad, los años transcurridos desde el roce perfecto de tu mejilla contra la mía.
Me dijiste algo sin preguntarme, como si nuestro encuentro fuese algo previsible, vulgar.
Y comencé a ahogarme.
Sentí mi cara contra la almohada, incrustada, sin resquicio posible para el aire.
Me mirabas y sonreías, te alejabas y luego volvías, mientras yo intentaba torcer la cabeza, liberar mi boca y respirar, gritar tu nombre para que desaparecieras.
Sé que desperté sin lograr moverme, sabiéndome vivo pero todavía ahogándome. Aún te vi una vez más en lo más profundo de mi almohada, escondiéndote; y, tras un esfuerzo sobrehumano, conseguí apoyar mis manos contra ella, levantarme y coger todo el aire que pude, todo el aire de la habitación.
Pero no pude gritar, ni tu nombre ni nada. Solo me salió un quejido ahogado, un sonidito ridículo.
Mi forma de no llorarte.











