La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

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El Príncipe de La Safor

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Te traduzco, como un absurdo homenaje al tiempo perdido que te dediqué, que dejé que destrozaras mi corazón destrozado. Al tiempo que soñé en otro idioma que conocía bien y respiré mar y naranjos en un escenario equivocado. El último homenaje a mi larguísima adolescencia, al palpitar enloquecido, los besos salados; al deseo incontrolable de abrazar a otro, aunque ese otro fueras tú. Y recordar de paso el litio, el valium…, la química innecesaria que inhalé cada vez que respirabas cerca de mi boca.
Un homenaje, que debería ser triste, al pequeño Príncipe de la Safor que me engatusó sin remedio con su pócima de sonrisas y miradas, y con un arsenal letal de palabras oblicuas, canciones mallorquinas, bailes griegos y mentiras. Al príncipe sin reino que me enseñó la playa como si fuese la primera vez, o la última, y me retuvo contra sí mientras cantaba “A la platja”, como si MdMB tuviese el poder del encantamiento. Al príncipe del que fue fácil vengarse violando a sus vasallos.
Te he visto y no te he reconocido, ni siquiera en tus palabras. Al contrario de lo que esperaba, me he sentido bien sabiéndome lejos de ti, de tu apatía, de tu infantil aburrimiento. A salvo.
Y me alegra saberte vivo.

Saliva dulce y clara
Entre tú y yo
Nada más que un beso

(PFP)

La foto es de Justo Sellés

Written by Zanobbi

junio 27, 2012 at 4:30 pm

Xeresa Xeraco

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Ayer, mientras ella me decía que no se había acordado de él ni una sola vez en 25 años, pensé en los hombres de mi memoria, los que yo sí recuerdo sin ponerme a recordar. La mayoría son sólo flashes, imágenes, palabras o canciones, nada de lo que no pueda prescindir.
Pero aunque ninguna de estas palabras o imágenes sean imprescindibles, no puedo dejar de intentar acariciar sus rostros o apoyar mi mano en las suyas; o hundir mi cara para siempre en el pico entreabierto de tu camisa.
Ella no le ha dedicado ni 15 segundos en 25 años, pero se deja adular ahora, ahora que ninguno de ellos está para que los adulen. Ahora que ambos están solos.
Ayer, poco antes de que ella me contara su falso olvido, sin darme apenas cuenta, choqué a 200 por hora contra el cartel azul de Xeresa-Xeraco. Lo atravesé, sin moverme siquiera. El mar azul, el cielo, las nubes y el verde inimaginable se enredaron en mi garganta. No te vi, pero te supe allí. No vi a ninguno de los hombres de mi memoria, pero todos estaban allí.
Vi la playa, sentí tu boca, lamí la sal sobre tu labio ausente, perdido en algún lugar del inmenso cartel azul.
De los carteles azules de mi memoria, como ella, huyo con frecuencia; de sus manos, de sus caras… Del pico entreabierto de tu camisa, sobre todas las cosas.

(La preciosa foto de Xeraco que he utilizado como fondo del cutremontaje es de Vicent de los Angeles)

Written by Zanobbi

septiembre 21, 2010 at 10:54 am

Publicado en Escribo y escriben, Viajes

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