La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Manvar

with 3 comments

Cuando llegué a Manvar  me sobrevolaron todos los murciélagos gigantes que puedas imaginar. No recordé nada. Te vi sentado en aquella mesa multicolor, aunque en realidad no estabas. Y mientras bebía aquel té tan denso a sorbitos, pensé en lo lejos que estabas, lo lejos que también me hubiese sentido aunque hubieras estado allí.
Los murciélagos de Manvar me recordaron los mosquitos en Gwalior, unos años antes. Sonreí al pensar cómo huíamos de los mosquitos, aún bañados en loción mágica… Ahora me hubiese dejado mordisquear por aquellos murciélagos horribles.
La ausencia de dunas me produjo una sensación extraña: no tengo dunas, ni piel que acariciar; una mierda de desierto.
Me olvidé de los murciélagos y de las dunas porque el sol, como tantas otras veces, vino a saludarme y hacer su reverencia de buenas noches. El sol…  Veía a lo lejos todos aquellos chicos con sus kurtas y sus turbantes rojos, yendo de un sitio a otro, preparando la cena que, probablemente, no probaría, cuando el sol se detuvo a pocos centímetros del horizonte.
“¿Qué pasa?”, me pregunté o le pregunté al sol directamente, no sé. “¿Por qué te paras?”
Oigo al sol a veces, pero no quiso hablarme en Manvar. Se paró sin más, inundando aquel desierto tan raro con una luz casi gris en la que solo destacaba él, todo rojo y oro. “¿Por qué te paras?”, repetí sin abrir los labios, y se me llenaron los ojos de lágrimas.
Las noches en Manvar son frías. Todo en Manvar fue frío para mí. Porque, al final, el sol me hizo caso y prosiguió su marcha, hundiéndose tras los turbantes rojos en un momento que deseé fuese para siempre.

Manvar Camp

Anuncios

Written by Zanobbi

enero 1, 2011 a 7:56 pm

3 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Sentado junto a la chimenea tomo un té rojo. Pienso e imagino Manvar y sus murciélagos como tu lo describes. Intento ver esos turbantes rojos. Me parece todo un sueño. Aunque no haya nadie cerca.

    stultifer

    enero 1, 2011 at 8:49 pm

  2. ¿Para cuándo una narración sucinta de los hechos?

    L

    enero 3, 2011 at 4:13 pm

  3. STU: Nada era un sueño. Los turbantes rojos mucho menos…

    L: ¿Sucinta? ¿Yo?

    Zanobbi

    enero 4, 2011 at 4:01 pm


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: