La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Land of nightmares

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Ayer cogí mi bólido y conduje como un loco hasta Barcelona, sorteando coches y curvas por alguna carretera tercermundista de la costa. Ignoro por qué tenía tanta prisa. También ignoro qué me llevaba a mí al acto programado frente a la Sagrada Familia con motivo de la visita del Papa: si verle a él y cantar horribles himnos parroquiales o participar en la manifestación programada por varios colectivos gays para morrease delante del Santo Padre y darle un poco por saco. Ninguna de las dos opciones me parece posible en mi caso, así que me quedo con la duda.
El caso es que llego allí y es un sitio de lo más raro: no veo la Sagrada Familia por ningún sitio y el recinto donde me encuentro es como un ghat en la orilla del Ganges, sucio, hiperpoblado y amarillo, pero sin rio. Y veo cientos, miles de parejas gays que están allí, con más ganas de juerga que de bronca. Empieza el acto y, aunque no veo al Papa ni de coña, sé que se acerca en el papamóvil y veo que todo el mundo empieza a alborotarse y a tomar posiciones para el gran besuqueo. Yo flipo, porque tengo calor, me molesta la gente sudorosa y no tengo con quién morrearme, en caso de que al final decidiese participar en semejante chochez.
Y de pronto, al fondo de donde me encuentro, veo un grupo de niñas de unos 14 ó 15 años, rubias, con vestiditos azules y lazos amarillos y blancos en el pelo, un horror fuera del tiempo y, sobre todo, fuera de aquel espacio tomado por osos, camioneras, rapados, lánguidos donceles y mariconas de las de toda la vida, todos dispuestos a enseñarle al Papa cómo se practica el canibalismo en la actualidad. Para que se joda.
Miro a las niñas, que están muy alejadas de mí, subidas en lo más alto de aquel lugar muy poco glamuroso para estar en Barcelona, y sé, porque las oigo, lo que están planeando. ¿Cómo puedo escucharlas a tanta distancia, a pesar del estruendo a mi alrededor?
Aquellas dulcísimas niñas, en su estúpido y ñoño arrobo místico, deciden que hay que hacer algo inmediatamente para impedir que el pobre Papa vea el horrible espectáculo, para impedir que el santo hombre de blanco se lleve un recuerdo tan espantoso de España, reserva espiritual. Y las oigo decidir cuál de ellas va ser el cordero pascual, cuál va a inmolarse como una ofrenda. Nerviosas, como si estuviesen decidiendo quién va a acercarse a ese chico para invitarle a una fiesta en el cole, las niñas del fondo optan por la más rubia, la más mona, la más santa… La niña que más se parece a mi sobrina la transparente se arrojará al vacío antes de que llegue el Papa y así, con el jaleo, evitar el gigantesco e infernal intercambio de fluidos.
El Papa se acerca y a mi alrededor todo el mundo se prepara; yo no puedo gritar ni moverme para avisar. Y veo, casi a cámara lenta, como la niña, decidida, salta al vacío sin pensárselo desde una altura a todas luces insuficiente para matarse, pero lo bastante alto como para joderse la vida para siempre. Todavía estoy escuchando sus gritos.

Esta noche he soñado este horror, del que me he despertado angustiado y convencido (una vez más) de que la religión es la causa de (casi) todos los males de este mundo. He soñado también otro horror de muy distinto cariz, pero no puedo contarlo. No sé si los sueños pueden ser ilegales, así que prefiero no arriesgarme.

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Written by Zanobbi

noviembre 2, 2010 a 3:56 pm

4 comentarios

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  1. La llamaron el opio del pueblo y razón tenían. Yo he dormido mal después de tres días de sofá y comidas. He pensado en amigos míos, en surrealismos varios. Ya no pienso tanto en mi jefe… pero apenas he dormido. Lo que jamás quiero es tener un sueño como el que relatas. Qué tragedia al pensar que la niña no muere sino que se queda tetrapléjica para toda la vida en loor de santidad y tiene que vivir el resto de su existencia en una silla de ruedas en alguna clínica de Toledo al cuidado de algún gay. Y en Toledo también he pensado. Pienso mucho en Toledo y en la tristeza que me ocasiona este pensamiento.

    stultifer

    noviembre 2, 2010 at 5:50 pm

  2. También he tenido tres dias de sofá y comidas, yo creo que mis pesadillas vienen de ahí. Y del Papa, claro.
    Lo malo de este sueño es que no me parece nada surrealista, y es que yo estoy rodeado de gente en loor de santidad. Santos parapléjicos no, la verdad, pero gente santa (que no santa gente), sí.
    Yo no pienso nada en Toledo. Esapero que la tristeza que te ocasioan el pensamiento se te pase en cuanto dejes de pensar. Beso.

    Zanobbi

    noviembre 2, 2010 at 8:42 pm

  3. Pues me gusta mucho el sueño, yo quiero uno o dos así, que últimamente sólo sueño con trenes que no llevan dentro a ningún Cary Grant ni Eva Marie Saint, y es de lo más aburrido, aunque me despierto algo angustiado, tal vez por lo caras que son las tarifas del AVE.

    Me quedo con las ganas de saber cómo será el sueño ilegal. Voy a pensar un rato en Toledo a ver si se me pasa la curiosidad.

    Beso.

    theodore

    noviembre 3, 2010 at 12:43 am

  4. Querido T: NO fue un sueño agradable, no quieras uno. Si uno puede despertar casi enfermo de un sueño, yo lo hice.
    El sueño ilegal espero contártelo algún día en persona, si no eres de la secreta.
    ¿Por qué trenes?
    Toledo es precioso, sobre todo desde fuera. Beso²

    Zanobbi

    noviembre 3, 2010 at 10:37 am


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