La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Halong Bay

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Desperté aterido al final del muelle de Halong Bay. La visión de las banderas multicolores enmarcando el largo camino hacia la nada, hacia el infierno que quise intuir, me condujo de nuevo a un embotamiento delicioso, si no hubiera sido por el retumbar de los tambores en mi cabeza y el hilillo de sangre en la comisura de mis labios. No supe, no quise saber cómo había llegado hasta allí, qué pequeñas y sucias manos me habían depositado al final del muelle y habían desaparecido. Pero sin recordar nada pude oler mi miedo y decenas de peces en descomposición que flotaban bailando por la superficie.
Nunca he visto un mar tan sucio, unas aguas de un color tan gris, tan de muerte.
Mientras oía a mi alrededor el piar incomprensible y nervioso de los pescadores vietnamitas, alcé mi mano buscando ayuda, alguien que tirara de mí y me levantase, pero no encontré nada, ni siquiera reproches. Y cuando acerté a abrir mis ojos de nuevo, lo mínimo posible, vi mi mano recortándose contra el cielo color acero de la bahía de Halong y sentí un frío terrible. Las banderas multicolores que anunciaban mi camino hacia el infierno ondeaban poseídas por la fuerza de un ciclón no anunciado, con un ruido ensordecedor, como si todos los ángeles tocasen sus trompetas al mismo tiempo, desafinando. Previniéndome.
Torcí un poco la cabeza y vi unas sandalias asquerosas a pocos centímetros de mi cara, mientras notaba que alguien golpeaba mi espalda con algo blando y recitaba incomprensibles frases en un tono casi litúrgico, un incomprensible rosario que roía mis sesos. Aquellos pies deformados, así, tan de cerca, no me daban pistas sobre quién me golpeaba casi con dulzura: un hombre, una mujer… Pensé en alguno de los extraños policías de desastrado uniforme que encontraba regularmente en casi cualquier sitio, urgiéndome a que me levantase y saliese de allí corriendo.
Cerré los ojos.
Me dejé llevar por el rítmico golpeteo en la espalda, el triunfal coro de trompetas angelicales y el singular baile de los peces. El hedor era insoportable.
Quise levantarme y, tras un esfuerzo descomunal, conseguí apoyar las manos en el correoso suelo del muelle, lleno de escamas y trozos de pescado, e incorporarme un poco. La visión de los peñascos de Halong Bay me dejó, como la primera vez, sin respiración. Podría haberme quedado allí para siempre. Deseé hacerlo.
Tras unos minutos que han dejado estelas, miré a mi alrededor para reencontrarme con la antipática mirada de los millones de vietnamitas que me habían acompañado durante los últimos meses, por muy solo que estuviese. Los veía reflejados en los pocos pescadores que pululaban por allí, entrando y saliendo de sus preciosos barcos con pequeños saltitos y escupiendo constantemente.
De pronto noté que el golpeteo en la espalda había cesado. Por un instante, me sentí abandonado por su dios, por todos. Por mí mismo.
Torcí la cabeza un poco más y encontré su mirada sobre la mía, sin que pudiese reconocer la suya como tal. Supe, por sus ropas azul añil, a que tribu pertenecía, en qué otro paisaje tan diferente había visto a cientos como ella, mucho más al norte.
La anciana me miraba desde algún lugar mucho más profundo que la cuenca de sus ojos, clavados en lo que supuse el sitio equivocado. Aquellos ojos pequeños, de pupilas y lágrimas pequeñas.
Sus ojos.
Sus ojos contra los míos.
El mar infinito que se perdía para siempre entre los miles de islotes, sin que el dragón milenario escupiese suavemente una perla, o jade, sobre mi mano extendida; sin que su cola agitase, por última vez, las aguas mortecinas.

(La foto es de Victor Bloomfield)

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Written by Zanobbi

octubre 20, 2010 a 1:18 pm

6 comentarios

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  1. Es ahora cuando tienes que cerrar los ojos, respirar profundamente, dejarte llevar. Solo sabes que ya no te molesta nadie y poco a poco tu cuerpo va acostumbrándose al hedor del lago. Dale tiempo. La calma siempre llega.

    stultifer

    octubre 20, 2010 at 2:18 pm

  2. Hay algo de realidad en el relato? ? Quizá el paisaje? O quzá te despertaste angustiado en un sueño que parecía real? En cualquier caso vuelvo a decirte lo mismo, qué bien lo cuentas! es un placer leerte, no dejes de escribir, vale? un beso

    trasgu fantasma

    octubre 20, 2010 at 9:01 pm

  3. Que viagem maravilhosa!

    Dylan

    octubre 21, 2010 at 12:06 am

  4. Cari, supongo que el relato es en parte real y en parte literario, no? Pues creo recordar que stuviste por allí en uno de tus viajes, no?

    Realmente el paisaje es impresionante, bueno, el paisaje y el paisanaje, pero ya la foto en sí es toda una belleza. Tus palabras son, además, misteriosas y bellas como corresponde a ese inquietante país.

    Bezos.

    Thiago

    octubre 21, 2010 at 12:24 pm

  5. STU: Acertaste: hace tiempo que perdí el olfato, cierto olfato. Y casi, casi, no me molesta nadie… Respiraré y te enviaré algunas escaleras pendientes.

    TRASGU: Como dice Thiago, esto es en (una pequeña) parte real y en parte imaginario. Y ya sabes, me gustaría tener más tiempo. Recibí tu correo, tengo que contestarte. Beso.

    DYLAN: Portugal é também uma viagem maravilhosa. Esperança de ver você aqui de novo.

    THIAGO: Me tienes abandonado entre tus múltiples ciberamantes. Te tengo abandonado entre mis múltiples marrones… Te mando un beso de ojos achinados.

    Zanobbi

    octubre 21, 2010 at 12:59 pm

  6. Cari, qué sepas, y no es que me guste anunciarme por ahí adelante, que el post de hoy -atendiendo a tu petición del oyente, jaja- ya está colgado, salvando así el reto que me propusiste de escribir “Un cielo de infierno”, jaj

    Bezos.

    Thiago

    octubre 23, 2010 at 5:33 pm


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