La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Meculotones

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Thiago, imparable, ha escrito una entrada (Comestibilidad…) en su blog que, además de abrirme el apetito, me ha hecho recordar esta mía de hace un par de años y que republico y dedico a él con cariño (y besos, como siempre).

Vivo, o mejor, trabajo (que es casi lo mismo) rodeado de obreros, ya que me dedico al sector estrella de la crisis. Esto podría parecer el colmo de las suertes para un gay de mediana edad para el que mirar y no tocar es una parte importantísima de su actividad sexual, pero en mi caso no es aplicable. Mis obreros, salvo uno que me trae por la calle de la amargura (bueno, es que yo soy exagerado por naturaleza), son, sencillamente, feos. Vamos, que no es que sean feos, así sin más (que algún feo que conozco querría yo más cerca), si no que es que no tienen nada aprovechable: ni muslos ni pechugas; ni tan siquiera un alita… Provienen todos de la misma fábrica y esta no tiene sello de AENOR ni de la CEE ni de nada. Una desgracia.
Total, que otra empresa (rival, ahora más que nunca) está haciendo una obrita (sí, obrita, a ver qué se creen) justo justito enfrente de mi ventana. La empresa se llama “Viuda de L. G. – Construcciones”. El nombrecito en cuestión ya tiene su aquel, porque las viudas se llevan muy, muy poco en esto de la construcción… ¡Ay!, pues la viuda de marras tiene contratado a un peoncito de edad indefinida (más-de-20-menos-de-30) que desde hace una semana me hace suspirar a primera hora de la mañana, a mediodía y por la tarde, que es cuando yo salgo y le veo, que la ventana la he tapado o no trabajaría nunca.
El obrerito de enfrente no es muy guapo (ojo, dije que no es “muy”, pero guapo, el cabrón, lo es) pero tiene todo lo demás: estructuralmente es perfecto, quizás le falten 10 cm (de altura, coño), pero nada más. Tiene un cráneo perfecto también, los brazos fuertes sin ser ciclópeos, el torso contundente pero sin avasallar, dos piernas como dos soles y un culo… Culos como ese hay muy pocos. Encima él lo sabe y se pone un pantalón (que no se cambia nunca) que se le pega, como quien no quiere la cosa, a todos los pliegues y curvas existentes. Acompaña todo esto con unos ojos claros (verdes o azules, yo qué sé, que si me acerco seguro que me nota algo y me arrea), un tono de piel que ni en Ibiza y una forma de hablar (que oigo desde mi mesa) tan simple, tan de pocas luces, que me parece ya el colmo de lo adorable. Cada vez que le veo me siento un pobre desgraciado, así que hago un esfuerzo y me pongo a pensar en mi JA, que está igual de moreno o más y, oye, por lo menos tiene los ojos mucho más bonitos y no para de rajar sobre las cosas más variopintas… y, además, dice, me quiere.
Trini, la chica que limpia en la oficina, es casi exactamente el hombre que a mí me gustaría ser, al menos para estas cosas. Ayer estaba dale que te pego a los cristales, frota que te frota, y en esto veo que se queda mirando hacia fuera y que cada vez frota con menos ganas hasta que se para. Durante lo que me pareció una hora se quedó inmóvil, mirando por la ventana. Levanté la veneciana que voluntariamente me oculta el motivo de no dar palo al agua y vi el Culo propiedad de la viuda (para mi desgracia es de ella, que para eso le paga) moviéndose casi como una bailarina hawaiana, rápidamente, al compás del brazo derecho con el que extendía capas y capas de yeso. Tragué saliva y miré a Trini (que sabe más de mí de lo que me gustaría). Ella, sin apartar la mirada ni un momento del culito bailarín del andamio, dijo:
“Ese melocotón me lo comía yo con piel y todo.”
A punto estuve de responderle: “Y yo hija, y yo”, pero me quedé cortado e hice como que no había oído nada.

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Written by Zanobbi

junio 4, 2010 a 12:01 am

Publicado en Escribo y escriben, Gay

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2 comentarios

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  1. jaja cari, gracias por la dedicatoria y por recuperar este post que está genial. La verdad creo que juntos hemos inventado el “post obrogay” jaja que puede estar llamado a revolucionar el gaycismo universal…. Y es que un obrero cuando se pone el cabrón, están como nadie. Yo si no fuera pq tienen pocas oportunidades me metía a obrero para dejar de hacder el gilipollas dando saltitos en el gym y corriendo como un mamón a pleno sol para tener un cuerpo que apenas valdría para ingeniero, jajaaj

    En fin, que ya sabes que me gusta más que nada inspirar… ¡aunque sea una recuperación vintage! jaaja

    Bezos.

    Thiago

    junio 4, 2010 at 11:54 am

  2. Uno de los vigilantes de seguridad de mi empresa es un melocotón de tu cuento. Incluso quiero pensar siempre que va declarándose a cada rato, con cada gesto, con cada mirada, con cada posición. Una tarde le vi sin uniforme y en chanclas. ¿Para qué quiero más? Me imagino cualquier tarde en mi despacho cuando viene a visitarme y a charlar y a no parar de mirarme el paquete, que acabamos liándonos. ¡Miedo me da!

    stultifer

    junio 4, 2010 at 12:23 pm


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