La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Vithobai

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En cuanto sea mayor voy a comprarme un barco (que es algo que nunca hay que hacer) y le llamaré Vithobai. Sé que no es un nombre muy bonito, pero otras opciones (Rhiannon, Amelia, Avinash, Kalicolombia, Shyam, Apito…) son demasiado obvias hasta para mí.
Le he robado el nombre de mi futuro barco a E. M. Forster, que es un escritor al que yo no acabo de reconocer como propio. Pero el relato de la historia de Vithobai el inaccesible (“La vida futura”), el gracioso muchacho de muslos desnudos cuyos únicos ornamentos eran flores escarlatas y que se enamora del misionero que intenta convertirle, no me abandona desde que la leyera el otro día, a 11 kilómetros de altura, sobrevolando el mar de Arabia o algún desierto en guerra.
El (fallido) relato de Forster parece más bien un boceto, un primer apunte de lo que podría haber sido (de lo que podría ser) una novela apasionante. Perdóneme usted que diga esto de alguien como Forster, autor de obras tan dañinas para tiernas mentes adolescentes como “Maurice”, “Una habitación con vistas” o “Pasaje a la India”. Recuerdo que la película basada en esta última, cuando la vi por primera vez, mucho antes de que yo fuese a la India y mucho antes de que entendiese nada de nada sobre casi nada, me dejó una sensación tan desasosegadora que cuando leí el libro, 2 décadas después, lo abrí como quien abre un tupper que lleva en la nevera 3 meses olvidado. Pero ni me olió ni nada. Ni siquiera eso.
Vithobai se ha convertido en mi héroe. Le imagino no guapo, sino un bellezón étnico de aspecto brutal y modos dulcísimos, manos y sonrisa grandes. Oscuro como tú.

    El amor había nacido en algún lugar del bosque…

    “Quisiera oír más sobre este dios cuyo nombre es Amor”

De cerca, Vithobai parece no entender nada o confundirlo todo. De lejos, Vithobai es el iluminado, pero no sé si Forster pretendió esto o es solo cosa mía.
    “Cristo nos espera en mi aposento”.
    “Todavía no”.
    “¿Por qué todavía no? Dios me ordena que te ame ahora”.
    “A mí me ordena contenerme”.
    “¿Cómo puede ser, si Dios es Amor?”

Como yo, mi héroe se encabrona:
    “¿Estás enfermo?”
    “No”.
    “¿Entonces qué te pasa?”
    “No”.
    “¿Te arrepientes de tus palabras?”
    “No.”

    “Primero se toman los frutos de mi cuerpo. Luego se me silencia. Ahora se me castiga. Noche, tarde y un día. ¿Qué sigue?”

Cuando mi barco lleve algún tiempo navegando, el casco sucio y las velas descoloridas, espero poder pasarme la lengua por el labio superior, sentir la sal que necesito y escuchar alguna voz que me diga:
    “Bésame”.
Y que no me falle la mía al responder:
    “Mi boca está aquí abajo”.

“La vida futura”, E. M. Forster

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Written by Zanobbi

enero 12, 2010 a 12:18 pm

Publicado en Escribo y escriben, Gay, Viajes

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7 comentarios

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  1. Marrano.

    angostura

    enero 12, 2010 at 8:41 pm

  2. ¿Marrano? En los vietnames he visto puerquillos a cientos. Nada que ver conmigo.

    Zanobbi

    enero 12, 2010 at 8:43 pm

  3. :P … miedo me da lo que vayas a hacer con esta lenguaaaaaaa!!!!

    Dime que no es verdad que te vas a comprar un barco… dime que no es más que parte de una maravillosa fantasía (por cierto, ¿qué te ocurre? ¿has dejado tus pastillas para no soñar?)… Dime que si te lo compras, un día, me llevarás a algún lugar…

    (di que sí, anda, que no te cuesta nah)

    Besicos.

    angostura

    enero 12, 2010 at 8:52 pm

  4. Y por lo que veo, puerquillos que… ¡ñam!

    ¿Viet-ÑAM?

    angostura

    enero 12, 2010 at 8:53 pm

  5. Qué bonito, qué bonito vietnam. ¿Y qué tal se come?

    angostura

    enero 12, 2010 at 8:53 pm

  6. Pues en Vietnam se come mejor que en Camboya, por comparar más que nada. Y mejor que en China. Y mejor que en mi casa, sin duda. Los rollitos son coxonuts. Eso sí, acabas hasta los coxonets. Total, que si te vas a dedicar a viajar por asuntos gastronómicos, no salgas de aquí.

    Zanobbi

    enero 13, 2010 at 11:58 am

  7. Mi lengua está santificada y no seré yo quien la mancille.
    No, de momento no me voy a comprar un barco. Estar rodeado de ellos facilita las cosas y sale mucho más barato. Pero sea propio o ajeno, algún día, algún día me acompañarás a saludar a los delfines de Punta Salinas. Si quieres.
    Besos a ti, por supuesto que faltaría más.

    Zanobbi

    enero 13, 2010 at 12:01 pm


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