La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

La vida es eterna

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David J. Nightingale

Al menos el cielo ha tenido la decencia de vestirse de gris.
Por más que uno esté acostumbrado a muertes cercanas desde que era un niño, no deja de afectarme que alguien tan joven como C. languidezca irremediablemente en una tristísima habitación de hospital. Llevo dos días pensando en ella pero, sobre todo, en sus padres. Por los míos supe que no hay nada en la vida como sobrevivir a un hijo, por mucho que uno esté preparado, desde hace tiempo, para ello.
Espero que a C. le sirva de algo la fe que no sé si conserva y que yo olvidé. Espero que esa fe le ayude a sobrellevar el asqueroso trámite de la agonía que, en su caso, dura ya tanto tiempo. Que le ayude a olvidarse de estos 15 años de sufrimiento y a dormirse tranquilamente para siempre.
Si su dios existe realmente, ¿cómo no pararte un momentito a pedirle cuentas? ¿Cómo no pararte un segundo para protestar? ¿Cómo no mirar hacia arriba y quejarte amargamente? Me dan ganas de chillar, pero no puedo.
Escribo estas líneas con la esperanza de que C. se haya dejado vencer de una vez y no siga agarrándose a una vida que le ha regalado todos estos años de operaciones, dolores y olvidos.
Lo siento por ti, C. La última vez que te vi todo era una incógnita y tú me sonreíste.
Lo siento por ellos, no sabré qué decirles ni esperarán que yo les diga nada. Pero les miraré a los ojos y les abrazaré.
Tú, mientras tanto, vuela.
 

¿No me dirías, por favor
Que la vida es eterna
Que el amor es inmortal
Y la muerte tan solo un horizonte?
La vida es eterna
Mientras nos movemos hacia la luz
Y el horizonte no es nada más
Que el límite de nuestra visión
(C. Simon)

(Foto: David J. Nightingale)

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Written by Zanobbi

octubre 7, 2009 a 10:29 am

3 comentarios

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  1. Lo que cuentas hoy me toca de una manera especial. Lo siento, muchacho.

    Beso desde la capital del reino.

    stygyan

    octubre 7, 2009 at 1:14 pm

  2. Yo también me pregunto a menudo esas cuestiones sobre la fe. Pero quien sabe, quizás las recompensas estén más allá de la linea roja. Una entrada muy emotiva. Animo.
    Un abrazo.

    ¿Sabes? Yo ya no me las pregunto. Me las pregunté en su moemento. Me las preguntaría “si su dios existiese”, pero hace tiempo que dimití. Me asombra la gente que tiene fe. Me da envidia, a veces.
    Un abrazo para ti también.

    Sinuhé

    octubre 9, 2009 at 11:40 am

  3. Hola cariño precioso y dulce; es triste y trágico observar la muerte de cerca y no importa creer o no creer (o eso pienso yo tras algunas experiencias pasadas). No conozco a esa persona (C.) a quien te refieres en este injusto escrito, digo “injusto” porque pienso que siempre es así en este tipo de situaciones, pero hasta que nos toque a nosotros no podemos hacer demasiado o nada por evitar sufrimiento a los demás…Tan solo intentarlo, no sé si por ellos o por nuestra propia tranquilidad.
    A lo mejor suena muy estúpido pero últimamente trato de apreciar muchísimo más las cositas chiquititas y buenas que de vez en cuando me brinda la vida. Por ejemplo – y que no suene a peloteo – leerte, darme cuenta de que ahí fuera hay personas reales maravillosas y que no estarán eternamente aquí, que solo me están regalando momentos valiosos y de mi depende valorarlos o no, disfrutarlos o no… Como el típico ejemplo de la florecilla que pelea por brotar de una grieta en el asfalto… ¿somos quizás eso?
    He perdido a bastantes personas importantes y ahora con el tiempo me paro a pensar en lo afortunada que he sido al poder conocerles, recordar sus voces, sus miradas (displicentes o no) y en común, que todos me enseñaron algo.
    Tú también enseñas muchas cosas, algunas demasiado bellas y otras graciosas, como la mezcla de Peter Pan (la infantil inocencia de tus ojos) con la mala leche de la madrastra de Blancanieves (aquí no pongo ejemplos, jeje) En definitiva, toma de esa persona, C., todo lo bueno que puedas que es el legado que te dejará…
    Besitos.

    No me contestaste a mi correo inquisidor sobre tus estados gravitatorios, por lo que supongo estarás bien.
    Mi amiga murió, al fin, antes de ayer. Y digo al fin porque llevaba demasiado tiempo yéndose, y su familia despidiéndose. Para mí en realidad esto no es una cuestión de fe ni de nada, me estoy volviendo de lo peor. Me estoy endureciendo demasiado y la gente lo nota. Yo lo noto. La muerte, en estos casos, me indigna, pero poco más. Los vacíos y daños colaterales sé que se amortiguan con el tiempo. Bueno, los vacíos creo que nunca se llenan, pero llega un momento en que dejan de atraerte hacia su negrísimo agujero. Al menos esa es mi experiencia.
    Tengo cierto bloqueo que me impide expresarme, no sé si por medicaciones o por el aburrimiento vital que me invade (¿por las medicaciones?)… Cuentos chinos, historias nimias.
    Voy a darme un chutito de Mahou, a ver si se me pasa.
    Besos a ti también.

    Yvy

    octubre 14, 2009 at 2:53 am


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