La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Sus recibos, gracias.

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SexyMaleAngel copia

La verdad, hoy no tengo un buen día.
Varias cosas me afligen: la primavera, que a veces me cuesta como si aún tuviese 15 años; las cuentas interminables que todos los meses, por estas alturas, me deprimen por lo caótico de mi divagar por el espeso mundo de la construcción, lugar idóneo para un gay sensible como yo; la evolución que están tomando mis absurdas actividades altruistas, que empiezan a descontrolarse dejándome cierto complejo de imbécil a veces. De cabroncete otras. Triste las más.
Otra cosa que me tiene de bajón es mi expediente médico, que acumula páginas de las que no obtengo respuestas ni, por supuesto, alivio. Esto me tiene casi deprimido (es difícil deprimirse con tanta pastilla de estas) y un poco desconcertado: ¿volveré a estar bien alguna vez? ¿Irá todo esto a más? ¿Me convertiré en una piltrafa dependiente? ¿Me cambiará el pañal una cara conocida? Exagero, sin duda, pero ya lo he dicho, no tengo un buen día.
Y luego está el tema de los impuestos, de los recibos de los seguros, que me coincide todo. Afortunadamente puedo pagarlos (aún), pero no deja de joderme. Así que hoy me he asomado a la ventana, he respirado profundamente el aire ya casi denso y torrefacto de este día plomizo y me he echado a la calle, Cajamadrid como destino, los recibos del IMVT en su carpetita, mis gafitas de sol de diseño y el móvil en el bolsillo. Ya a medio camino (que además es en cuesta) me han dado ganas de sentarme en un banco y llamar, angustiado, al Samur. ¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy TAN cansado…? Pero no, he mirado al frente y he seguido; tambaleante, eso sí.
Tras quedar atrapado entre las dos puertas de la sucursal como un ladronzuelo cualquiera, al fin alguien ha venido a mi rescate con bastantes malos modos.
La oficina de Cajamadrid a la que voy de vez en cuando es fea, desangelada, mal iluminada. Impropia. Una vez dentro y al fresquito no he podido sino sentarme en una silla, cerrar los ojos y pensar: “no estás enfermo, no te pasa nada; será la alergia, que vuelve, o este polo ajustadito que te has puesto, impropio también.” Por fin he levantado la cabeza y he mirado hacia las cajas donde esperaba encontrar unas larguísimas colas, como siempre; sin embargo, para mi desconcierto, no había nadie. En ninguna de las dos. Y sin pensarlo, sacando pecho y quitándome las gafas de sol con un gesto muy chic que he aprendido en Venecia, me he lanzado hacia ellas.
Tres pasos antes de llegar veo que dos caras me observan tras los cristales blindados. A la derecha hay una chica, hermana gemela de mi hermana (que además trabaja también en la ilustre Caja), muy sonriente, en sus cuarenta, con sus mechas y su blusita rebosante, que me mira golosona. A la izquierda, serio y ausente, veo un ángel de Botticelli que me refleja mi propia mirada displicente.
No dudo: miro a mi otra hermana como indicándole que lo siento, no sé el qué, pero lo siento, y plantifico mis recibos delante del efebo con actitud decidida, casi agresivo. El me mira como no viéndome, inexpresivo. Y nunca más volverá a mirarme.

Buenos días. / Buenos días.
¿En efectivo? / Sí.
496 euros. / …
Sus recibos. / Gracias.

Durante la magnífica conversación le observo: ¿por qué a mí no me queda el pelo así? ¿Por qué tiene esas patillas tan densas y dibujaditas y yo no? ¿Por qué no puedo ni describir el color irreal de sus ojos? ¿Por qué los míos son tan vulgares? ¿Por qué el nudo de la corbata le queda tan redondito, tan perfecto, y yo no sé ni hacerlo? ¿Por qué su pulserita resulta mucho más interesante, más viril que las mías? ¿De dónde ha sacado unos labios así? ¿Por qué los míos son tan finos? ¿Quién se los besa? ¿Quién despeina ese des-peinado con una caricia? ¿Es este chico real? ¿Quién se ha olvidado aquí este ángel que me ha robado el título de este blog? Yo podré seguir siendo el Príncipe de las Bellotas. La Mirada Displicente es suya.

 Sus recibos. / Gracias.

adonis
(Imagen: Adonis’ dream – Richard Franklin)
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Written by Zanobbi

mayo 21, 2009 a 12:54 pm

Una respuesta

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  1. Oye, pf, pasa la dirección de esa oficina de CajaMadrizz, que en la mía solo hay menopáusicas malhumoradas. He de hacer feliz a ese pollo. Gracias.

    Ni lo sueñes, que yo aún no he perdido la esperanza. Al menos de que me mire. Vete a chuparles la sangre a otros, tu sabes donde buscar, sabes donde encontrarlos… ¿Desde cuando te ponen a tí las corbatas? ¿No quedan víctimas tiernas por tus oscuros lupanares?

    Dina Mika

    mayo 26, 2009 at 6:18 am


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