La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

El príncipe de calicatri

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Calicatri

…De madrugada, en el momento más frío del día, cuando la noche se hace vieja con un frío que hiela los huesos, cuando la noche prepara su muerte en la oscuridad sobre todas las cosas y sobre el frío, el príncipe de calicatri se levantó. Muy lentamente, con mucho cuidado para no despertar a nadie, se levantó. Poniendo los pies entre los cuerpos tumbados, se acercó a la ventana. Miraba la distancia fría de la madrugada cuando hice un ruido con los labios para llamarlo. Vino derecho a mí. Sus ojos en medio de la oscuridad. Se inclinó sobre la puerta abierta del armario. No nos dijimos nada. Él pronunció mi nombre. No nos dijimos nada. Él dijo no tengo corazón. Dijo traía dentro de mi corazón, como en un baúl que no se puede cerrar de tan lleno, todos los lugares en los que había estado, todos los puertos a los que había llegado, todos los paisajes que había visto a través de ventanillas. No nos dijimos nada. Él dijo no tengo corazón y, sin embargo, el dolor se derrama desde el hueco vacío de mi corazón. No nos dijimos nada. Él dijo no tengo corazón y sufro más. No nos dijimos nada. Yo conocía el frío de sus ojos. Era el miedo. Era el sufrimiento de la noche, que crecía desmedida en su final. Sus palabras eran susurros y, como un sonido de cementerio, como el canto del viento en los cipreses, se derramaban sobre los cuerpos que dormían en la habitación, y sus palabras sólo eran perceptibles para mí. Él me dijo he venido para morir, bien lo sabes. Él dijo he venido para morir, porque pensaba que sabía la respuesta a todas las preguntas del mundo. Él dijo no sabía una respuesta. Dijo no sabía que morir cuesta tanto. Es muy difícil morir, dijo. Sabiéndolo todo, o no sabiendo nada sobre el mundo y sobre la vida, morir cuesta mucho, dijo. Es muy difícil morir, dijo. No nos dijimos nada. Dijo la muerte es imposible. Dijo el amor es imposible. Él dijo todo cuanto deseamos es imposible. Cada palabra del príncipe de calicatri era auténtica, como era auténtica la lentitud de las miradas oscuras, como era auténtica la lentitud de los rostros. Nos faltaba la energía de estar vivos y, sin embargo, la muerte era imposible. Yo también lo sabía. El negro frío de la madrugada era cada vez más grande en la habitación. Por los cristales de la ventana entraba más negro, más frío y más madrugada. Había un silencio sombrío. Dentro del armario olía a madera vieja, olía a ropa podrida. La voz del príncipe de calicatri susurrada dentro del armario. Dijo lo que ella era ha desaparecido en mí y sólo ha quedado el terror. Dijo la esclava miriam. Dijo ella me ha abandonado en el miedo. No nos dijimos nada. Nuestras miradas dibujaban el sufrimiento. No nos dijimos nada. Yo también dije la que está en mi interior va a abandonarme. No nos dijimos nada. Dije también mis brazos y mis piernas tienen sólo la forma del dolor que crece desde las llagas, con la forma de brazos y piernas. No nos dijimos nada. Nuestras miradas dibujaban el sufrimiento. Yo dije sí, príncipe de calicatri, la muerte es imposible. Dije el amor es imposible. El amor es imposible, dije. Mi voz se disolvió al final de estas palabras. El príncipe de calicatri se me acercó más y me rodeó con sus brazos durante mucho tiempo. Y la mañana crecía lentamente. Y la luz entraba lentamente sobre los cuerpos que dormían en la habitación. Y una piel de luz sobre el cansancio. Y todo muy lentamente. Y la oscuridad filtraba la luz. Y los sonidos se transformaban en mañana. Y los brazos del príncipe de calicatri me rodeaban. Y la mañana acababa por fin de nacer…

Jose Luis Peixoto: “Una casa en la oscuridad”

Foto: Stephanie Theune ( www.schmootography.com)

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Written by Zanobbi

enero 26, 2009 a 6:40 pm

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