La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Del oscuro pasado…

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Ayer se me aparecieron de golpe, todos juntos, algunos de mis fantasmas. Ninguno me produjo miedo o inquietud. La mayoría de ellos son fantasmas aburridos, sosos, que aparecen de vez en cuando y ni llevan cadenas ni nada, no hacen ruidos extraños; desaparecen al poco tiempo y ¡hala!, hasta la próxima. Son algunos de mis fantasmas frecuentes. Un coñazo.
Pero luego escuché algunos arrastrares, algunos tintineos y un atisbo de grito siniestro (poca cosa, la verdad). Eso estaba mejor. Aunque no estoy seguro de si me hubiese gustado, tampoco tuve ninguna sensación de miedo cuando aparecieron otros dos. Uno de ellos creo que es bueno, aunque hacía tanto tiempo que no se me aparecía que vete tú a saber. El otro era malo y estoy seguro de que sigue siendo muy malo, aunque a mí no me hace nada, le caeré bien.
Mi fantasma bueno de ayer desapareció de mis oscuros corredores hace 22 años y entonces era rubio, esmirriado, angelical, casi un poco cursi y con una de esas sonrisas que a mí me pierden, sean fantasmas u orangutanes. Estaba yo divagando (que es lo que mejor hago últimamente), abstraído en nada, intentando no escuchar al resto de los espíritus, cuando de pronto se me aparece el fantasma bueno con una camisetita rosa preciosa, muy ajustada, 15 ó 20 kilos más en forma de músculos perfectamente repartidos, look de gay uniformado (demasiado uniformado incluso para un fantasma), sin uno solo de sus pelos rubios pero con la sonrisa intacta, más blanca si cabe, celestial. Nuestro nuevo encuentro está aún fraguándose, que él es inexperto en esto de lo espiritual y no acierta a encontrar los modos. Además, el pobre se quedó sin habla, está que no se lo cree y aún no ha reaccionado ante mi impulsivo proceder. Está un poco asustado, igual que hace 22 años; y eso que él es el fantasma y el que se ha puesto como un toro…
El fantasma malo tan sólo se ha dejado oír y ha sido suficiente; era como si lo tuviese delante. Me he reído con su mala leche, intacta; con sus comentarios cortos, precisos y destructivos. Después me exigió más concentración y nuevas vías de comunicación (que esto de aparecerse le parece algo muy antiguo), para acabar dándome unos cuantos recados y mensajes para el resto de los fantasmas que me rodeaban ayer, ninguno de su preferencia, rogándome (con un tono más amenazador y entre risas) que mandara expresamente a uno de ellos a la mierda, el único con el que comparte materia, huesos y carnes.
(Zanobbi 2008)
La ilustración es de Scott G. Brooks

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Written by Zanobbi

julio 31, 2008 a 2:43 pm

Publicado en Cosas, Cuentos, Gay

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