La Mirada Displicente

Crónicas del Príncipe de las Bellotas

Tres Tristes Tags

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Hace unas semanas me topé con un post (“How long is the road?”) cuyos tags eran estos: “ira, traición, infidelidad…” y algún triste tag más. Mi parte más negativa, que está en ebullición estos días (como la primavera), no pudo menos que pararse y leer. El blog de Nituru no me ofreció, así, a primera vista, nada especialmente atractivo en lo que fijarme, pero aquellos tags me hicieron pensar: “pero, ¿qué coño le pasa a este pobrecillo?” Y lo leí. Lo he leído varias veces estas semanas. Varias porque está en inglés, es largo y denso. Todo el post de Nituru me hizo recordar un montón de cosas. Llegué, en ciertos pasajes, a sentir ese dolor casi físico que sientes cuando alguien te traiciona. Y él lo expresa muy bien. Yo no me siento ahora como él, pero sí sentí algún tipo de extraña conexión: este tipo era yo hace algún tiempo. He escrito a Nituru (ni siquiera sé su verdadero nombre) un par de veces y finalmente le pedí que me dejara traducir su post para incluirlo aquí, por lo que aprovecho la ocasión para pedirle perdón por los posibles errores. Traducir un texto como este es complicado: nadie conoce exactamente los matices oscuros y dolorosos que el autor ha intentado plasmar en realidad, pero aquí está. También decir (y decirle especialmente a él) que yo no comparto todo lo que él expresa. Sí la primera parte, toda la explicación de sus furias, pero no tanto la segunda, sus reflexiones y conclusiones. Creo que está equivocado, pero esto no se lo he dicho a él: sólo soy un extraño y ¿a quién le importa mi opinión? Nituru debe ser mucho más bueno que yo… Desde aquí le mando un abrazo.

Pero, ¿en qué estaba yo pensando? ¿Que la pena desaparecería? ¿Que la tristeza se evaporaría? ¿Que solo habría algunos días ocasionales de angustia? Tuve una semana o así de respiro en este proceso devastador que supone la lucha contra la infidelidad de P. Durante unos pocos días, creí ver el final del túnel. Casi creí haber tenido éxito en vencer el episodio más doloroso de mi vida.

Pero volvió. Con venganza. Es verdad que el dolor agudo ha amainado. Ya no sufro ese dolor que me desgarraba las entrañas y me abrumó durante más de tres meses. Eso es un alivio. Sin embargo, el dolor ha abierto camino para otro sentimiento que ha pasado a ser el dominante: una profunda e hirviente ira. No cesa. Viene en oleadas de diferentes intensidades, pero no me abandona. En el peor de los casos, siento que siempre estaré furioso y que eso me destruirá. En su forma más suave, soy capaz de reconocer que esto es sólo otra parte del proceso de la lucha contra toda esta mierda, sólo un paso más en mi camino a aceptar todo esto

Mi furia es intensa y tiene muchas caras:

Furioso con el imprudente comportamiento de P al sacudir nuestra relación con este golpe.

Furioso con él por escapar de todo esto sin ningún otro castigo que la incomodidad de verme a mí luchar con ello.

Furioso con él por salir de todo esto con excitantes recuerdos de placer sexual con otros, mientras yo tengo que vivir con las dolorosas consecuencias de sus autogratificantes acciones. No resulta muy agradable que yo sea el que tiene que pagar el precio emocional de su irreflexiva búsqueda de placer. El precio que nuestra relación y yo tenemos que pagar parece desproporcionado con el poco tiempo que el pasó engañándome.

Furioso con él por haber hecho esto en un momento en el que me sentía muy vulnerable debido a la disfunción eréctil consecuencia de mi operación.

Furioso con él por haber roto irrevocablemente ese lazo único entre nosotros. Aunque ahora se me ocurre que quizás ese lazo especial nunca existió, y que estoy doliéndome de algo que nunca fué.

Furioso con él por compartir su cuerpo con otros y darles placer sexual. No puedo quitarme esas imágenes de la cabeza.

Furioso con él por humillarme de esa manera. Me apoyó mucho mientras nos ocupábamos de mi enfermedad, pero de todas las maneras en las que podía humillarme, escogió la peor.

Furioso con él por haber abusado y destrozado mi confianza en él. A partir de ahora, le veré como un tramposo.

Furioso con él por no compartir su frustración y su ansiedad conmigo en la época en la que él mismo atravesaba una crisis.

Furioso con él por meterme en este largo, agonizante proceso de acostumbrarse a lo que yo considero la traición esencial.

P parece pensar que esa traición esencial hubiese sido buscar otra relación, otro novio. Después de todo, dijo, sólo buscaba un desahogo sexual, sin ninguna atadura, sin ninguna intención de poner nuestra relación en peligro. Pero desde mi punto de vista, buscar otro novio hubiese sido una causa para terminar nuestra relación, no una traición, sino un final, devastador quizás, pero final. Que quisiese quedarse conmigo mientras buscaba gratificación sexual por ahí, cuando habíamos convenido, en el momento en el que nos unimos, que la nuestra sería una relación monógama, es un caso de puesta en peligro intencionada de una relación, intentando terminarla. Esa es la traición esencial. Punto.

Intento duramente no permitir que mi ira arruine nuestra vida cotidiana. Ya es bastante malo como es. Intento comportarme “normalmente”, poniéndole un tapón a mi enfado y actuando como si no estuviese ahí. Estoy furioso con él, pero no me comporto con furia. Intento avanzar y ser positivo. Pero tiene que haber un modo más saludable de tratar con esta ira mientras avanzas, un modo de dejarla salir de forma no destructiva que me permita procesarla. Lo último que quiero es que esta ira se convierta en una especie de resentimiento permanente que devoraría nuestra relación y finalmente la destruiría.  

P sigue siendo bueno y paciente. Si todo esto no fuera el resultado de su engaño, su comportamiento parecería el de la pareja perfecta: paciente, amable, comprensivo, inteligente. Ahora hace un montón de cosas en la casa que antes solo hacía ocasionalmente: limpia, cocina… Ha tomado parte más activa en mi negocio. Aprecio lo que hace, y reconozco que está utilizando lo mejor que hay en él para ayudarnos a manejar esta crisis.

Creo que el tiempo curará las heridas. Pero el tiempo no pasa como un tren por un paisaje idílico. Me arrastra por este oscuro y arduo terreno lleno de escollos y paisajes hostiles. Desearía que me pusiesen en una cápsula y me despertasen cuando la parte mala haya pasado. Desearía levantarme sabiendo que fue solo una pesadilla. Pero no es así como funciona.

Y al mismo tiempo, a veces creo que P no tiene nada que ver con todo esto, que el ha sido tan sólo un instrumento utilizado por el destino para enseñarme otro capítulo de las lecciones de la vida y ayudarme a hacerme más humano.

Para leer el original y más: El blog de Nituru

Imagen: Päivi Hintsanen

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Written by Zanobbi

abril 6, 2008 a 10:33 am

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